6 mar. 2012

De Un ataque de risa


Un bebé ríe mucho más que un niño. Un niño más que un adolescente. Un adolescente más que un adulto. Y un adulto, un adulto casi nunca ríe. Es como un castigo divino. Perdemos la capacidad de reír y de reírnos de nosotros mismos, pero ganamos otra: sabemos reírnos de los demás. Aprendemos a hacerles daño. Y esa risa... ya no es tan divertida. Hiere, es dolorosa. Nos rompe por dentro (...). Te mina la autoestima y te aleja de los demás. Te aísla y te encierra. Es un arma. Poderosa. Mucho.
Un ataque de risa, Gabriel García de Oro.
Este fragmento es como la vida misma, por desgracia.

Vosotros, villanos, que os reís de los demás... coseos la boca y atragantaos con esa mala risa, tiene un sonido de lo más cutre y feo. Vosotros, héroes, venid.

3 comentarios :

  1. Desafortunadamente, como tú dices, unas palabras más que verídicas. Una pena, la verdad.

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  2. Los niños y los jóvenes se lo pasan bien, y la diversión trae la risa. Los adultos *generalizando*, como no suelen tener muchos minutos de relax o de hacer algo que les guste, pues se ríen de los demás. Además, son más orgullosos, si un niño se cae se ríe de si mismo y eso jamás lo harís un adulto *ni casi ningún jóven con un poco de autoestima*. A mí, según me da :P

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  3. Pero qué gran verdad...Y qué triste a la vez. Es cierto, con el tiempo la gente aprende a reírse de los demás, y con muy mala baba.

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