9 feb. 2012

Últimamente me he aficionado a


(rodar.)

Ruedan por el hielo y sin ruedas de nieve mis tengoquehaceres. Son muchos, son estresantes, son para tirarse de los pelos y sembrar canas. Y así, derrapando mientras cierro la boca para que no entren moscas, sin cadenas que me agarren al suelo, y sin faldas y a lo loco, me pasa que me caigo de culo y me doy en el hueso de la risa, y ya no sé si reír o llorar o frotármelo con yesca para sentir calor. Por eso lo mejor que puedo hacer es sacar las llaves del contacto, tirarlas por la ventana con mucho estilo y hacer un poco de libroterapia.

Me esperan cosicas como Blood Magic, Hija de humo y hueso o Finnikin de la roca. Con estos dos últimos libros también me permitiré un poco de cuquiterapia: el libro de Laini venía con una pluma suave y azul, y el de Marchetta tiene una cubierta de "ay omá". Pero lo primero es lo primero: cantar con Roberto Carlos, dormir como si no hubiera un mañana y hablar durante quince páginas de un (horroroso y trágico, si se me permite) tiburón de doce millones de dólares.

Durmamos, mundo.

3 comentarios :

  1. Hace poco vi este libro en booky (el de Cameron). ¡Qué pintaza!

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  2. Siempre me ha dado algo de miedo ese tiburón en su vitrina de formol :S

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  3. @Hermy ¡Es que además se deshace a cachos!

    Abrazos a las dos :).

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