30 oct. 2011

Cuando cuento sobre blanco y recojo guantes negros

Hoy, que ganamos a la noche sesenta minutos como buenos campeones, La Tienda de las Horas cierra durante unos días, así que no me ha quedado más remedio que venirme a este lado del espejo. El lado mal iluminado, mustio de necesidad y de figuras que pasan de puntillas. Para colmo La Tienda levantará tranca y cierre cuando se le encapriche, y eso no puede ser (aunque sea).

Tampoco puede ser que el balcón esté cerrado con las persianas bien estiraditas y del otro lado siga colándose una música caliente, pegajosa e invitadora que no es para mí. Tampoco que cuando una pone el corazón en algo, después tenga que recogerlo hecho jirones, desgarrado a tiras con espadas diminutas de gente diminuta. Pero oíd todos: la música podrá transformarse en aire y escurrirse por entre las rendijas y convertirse en díscola sombra de Peter Pan, no así la gente diminuta de espadas diminutas. Sobre todo porque nada es nunca lo que parece, y esa gente en realidad no es tan pequeñita; ni tan malvada, ni tan hábil, ni tan feroz; tal vez se trate de personas a veces pequeñas que luego son grandes y después otra vez pequeñas, y que de vez en cuando blanden sus filos porque se pierden en la parte del camino mal iluminada, mustia y de figuras que pasan de puntillas. Ahora sólo tengo velas, mañana buscaré bombillas.

(...) Guantes Blancos respira sobre el baúl, fundiendo con su calorcito los jirones, así que os doy las buenas noches, personas grandes y gente diminuta; nos apagan las estrellas.

3 comentarios :

  1. Muy bueno. Me ha encantado.
    Espero que tus sueños no hayan muerto al amanecer.

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  2. Me ha gustado, está escrito con dulzura. :)

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