27 abr. 2010

Bwitter (8) Crónica (x) Premios SM: aquel día

Pasen y vean (y lean y crean), caminantes de las letras:

Con un retraso monumental que algunos han tenido a bien recordarme , por fin la letrera –o sea, yo, pero me apetece hablar en tercera– publica su particular crónica de un día de hace muchos: los Premios SM.


Comienza la aventura como siempre que toca un viaje flash de mediodía: te despiertas, gruñes porque has dormido menos que nada, pasas bajo el chorro de la alcachofa plateada para espabilar lo justo, te vistes con algo mono que sabiamente has dejado preparado hace unas horas, terminas un par de cosas de las urgentes, te embarga la indecisión de última hora con respecto a QUÉ LLEVO (¿estos zapatos o aquellos?, ¿seguro que el pañuelo de flores?, ¿un libro gordo o algo finito estilo Nothomb?), coges El Bolso Grande de Petete (aquel en el que guardaba El Libro Gordo) y te deslizas hasta donde duermen los trenes.

Estás en el tren. Comodísimo (>ω<). No hay color con el autobús, que tarda el doble y juega a retrasarse de una a dos horas. El bendito tren siempre llega puntual y es cómodo, limpio y tranquilo. Sin agobios. Y encima me tocan dos asientos: uno para mí y otro para El Bolso Grande de Petete: ¡viva, menudos nosotros!
Ponen película, pero me aburre, así que sigo leyendo algo que el pez que gobierna mi memoria ha clasificado como Secreto de Estado… Vale, mentira, simplemente no lo recuerdo. De hecho, creo que llegué a ver la película… OMG.

Y la película se acaba (¿la vi?, ¿no lo hice? Dios bendito) y el tren aminora la marcha: hemos llegado; para más INRI, adelantados (ni en La Tienda de las Horas, caramba).
El Bolso Grande de Petete, mi música cerebral, mis manoletinas bailarinas (redundo, pero hace bonito) y yo nos apeamos del Gran Carro Sin Ruedas: nuestra meta es la selva de Atocha, porque ahí dos amables señoritas nos esperan.
Por una vez y sin que sirva de precedente, más o menos me oriento a la primera y aparezco en ese Amazonas español. Me paseo de arriba abajo y de repente suenan dos hola’s muy simpáticos: un par de besos a cada una, sonrisas, desaparecen esos nervios tontos… Ellas son Nerea y Marta (aka, Lether Ireth), un par de soles (-ω-).

Y como tres no son multitud, decimos au revoir a esa selva ordenada, salimos a una inmensa calle de un día bastante soleado (aunque fresquito) y nos vamos a por el resto del grupo.
Y es ahora cuando vuelvo a perderme (mentalmente): creo que quedamos en Callao… Pero no me hagáis caso. Menuda niebla mental: eso me pasa por postergar tanto estas cosas…

Breve salto en el tiempo.
En alguna plaza de la capital
TACHÁN, el grupo se junta y nos abrazamos y besuqueamos: lo propio entre juventud que se ve de ciento a mil y se encariña con lo que cuentan sus letras. Ahí estamos el trío del principio y unos cuantos templarios de la zona: Carlota, Ruescas, Cronista y Keko. Menuda estampa, y eso que todavía no vamos de tiros largos.
Y ya que es hora de llenar el buche (esta noche estoy sembrada…), nos vamos a buscar un lugar en el que me toca pedir algo verde: lo que hicimos, dijimos y dejamos de hacer y decir durante esa comida sí que es Secreto de Estado, de manera que saltemos de nuevo en el tiempo.

Al cabo de un algo.
Por las calles de Madrid.
Casa del Libro, la grande, la de las muchas e impresionantes plantas: ahí hacemos tiempo paseando entre páginas, satisfaciendo nuestra infinita curiosidad, yo comprándome un Cherub que todavía no he leído (shhhhh…) y esperando a un torbellino del sur, de nombre Leara: menuda ella, enseguida estamos como peces en el agua y más a gusto que unos arbustos… Pues eso. Y nos vamos a un flamante Starbucks en el que unos piden café y yo pretendo beber un zumo de naranja recién exprimido.
Mi gozo en un pozo: NO hay naranjas ಥ﹏ಥ.

Sin naranjas y a lo loco.
Por más calles de Madrid, esta vez en pareja: ¡tiembla, sentido de la orientación!
Llega la hora de pintarrajearse y ponernos estupend@s; y también llega la hora de chocar palmas con un par que se retira ya… Besos.
Los demás seguimos con la fiesta y nos distribuimos en esta, esa y aquella casa: Leara y yo, las únicas “extranjeras”, nos aventuramos solas por la ciudad… Nos perdemos, lógicamente. Aunque después de marear a unos cuantos habitantes que dicen A, luego B, de nuevo A y por fin J (el salto en el abecedario es intencionado), volvemos al buen camino.

Todos juntitos, alegres cantamos… Reminiscencias de mi infancia, ¡calla, pez!
Nos reagrupamos en el punto de reunión: de punta en blanco con americanas unos y vestidos otras, avanzamos hacia el gran edificio donde se celebraban los Premios SM (en realidad, se llaman todo esto: 32ª Edición de los Premios de Literatura Infantil y Juvenil El Barco de Vapor y Gran Angular).

El lugar es IMPRESIONANTE: un edificio magnífico que huele a viejo y sabe también a nuevo, hay muchas luces sabiamente dispuestas, la piedra reluce, me recuerda a un castillo de un verano, pululan escritores amados y personalidades varias que no me impresionan tanto como los primeros, tengo los nervios a flor de piel y mi florido chal no tiene la capacidad de calmar ese espantoso tiritar, echamos fotos que bailan entre lo decente y la anti-fotogenia personal más absoluta, damos vueltas, entregamos abrigos, hago esperar, seguimos dando vueltas y, por fin, nos sentamos.
Empieza la fiesta.

Silencio… 3, 2, 1.
¡Bienvenidos!, dicen.
Con una ceremonia liderada en la ficción por una pareja de la radio que se esforzó por hacer gracioso un guión que NO lo era, la cosa fluyó, y el público con la cosa y la cosa con todas y todos.
Fotos y flashes, discursos eternos, una hoja que debió de perderse, aplausos formales y educados… Y aplausos y vítores, y una multitud enfebrecida: los escritores, que eran los que contaban, por fin se paseaban por el escenario recogiendo, saludando, agradeciendo, sonriendo y bromeando.
La estrella, sin duda, Jordi Sierra i Fabra: un hombre al que le dije poco más que un triste hola, encantada… pero al que mentalmente le contaba la de libros suyos que había leído de niña y los maravillosos compañeros de vida que habían sido muchos de sus personajes.
Menuda yo: boba sin remedio (-_-メ.


Antes de seguir, permitid que me plagie a mí misma en un esquema: esto que sigue es parte de la mini-crónica que escribí al día siguiente de esa jornada. Me copipasteo porque me gusta cómo os hablé del cuarteto de ganadores:
  • María Bellido Vargas, ganadora del concurso Microrrelatos SMs con una bonita mini-historia de arbolibros, Otoño.
  • Lorena Moreno, jovencísima ganadora del Premio Literario Jordi Sierra i Fabra para Jóvenes: de blanco y negro, valiente, muy simpática con todos y creadora de Las redes del infierno.
  • Ricardo Gómez, Premio Gran Angular: el primer gran premiado de la noche y amparado por un pseudónimo histórico vestido del amor del que habla en su novela, Mujer mirando al mar.
  • Jordi Sierra i Fabra, Premio El Barco de Vapor: el segundo gran premiado de la noche gracias a Historia de un segundo y con quien más aplaudimos los más jóvenes de allí, porque, ¿quién no ha crecido leyendo a este contador de historias ?
(terminado el inciso, os contaré qué fue del resto de la noche)

Movimiento de traseros antes pegados a unas sillas (me siento algo Quevedo…), focos de aquí que se enfrían y otros más allá que se encienden a todo gas, solícitos camareros que aparecen de la nada, mucha comida que no pruebo porque una vez vio, vueltas y más vueltas y más vueltas, muchisísisisisimos escritores, una flash-entrevista templaria a Ricardo Gómez –muy majo, muy bohemio–, muchas palabras en el aire y otras pegadas al suelo, bandas con letras con las que he hecho un vlog que da vergüenza ajena y que se autodestruirá en cuanto publique esta suerte de crónica, charlitas breves con escritores y gente conocida, besos a unas cuantas mejillas, una conversación medio-decente con David Lozano –otro sol de hombre–, manoletinas rojas y flores de colores, gafas verdes para distinguir al personal, cae la noche, cócteles color cereza aptos para todas las edades, fruta cortada y fuentes de chocolate.

Ah, las fuentes de chocolate [≧ڡ≦].
Carlota les puso ojitos y le seguí cual cordera.
Esa fue toda la resistencia que opuse, y es que el chocolate es el chocolate: más si fluye y más aún si lo hace de unas fuentes monísimas rodeadas de bandejas de fruta fresca cortada en trocitos… Fresas, plátanos y tal vez kiwis y naranjas.
Ese fue el postre: el nuestro y el de la gala, porque era martes-casi-miércoles y las campanas ya tocaban por el punto y final. Sin embargo, nosotr@s no escuchamos esos tañidos silenciosos: recogimos los abrigos, nos llevamos bandas al azar y bolsitas de recuerdo y salimos al frío de la calle, directos a algún bar donde tomar algo y, de paso, hacer tiempo hasta ese viaje de vuelta.

Nuestros pies, cansados de patear calles de arriba abajo, conocer a nuevos pies y avistar el colorido atuendo de Bimba Bosé, agradecieron ese ratito de relax… No así nuestros traseros quevedescos, porque caímos en un bar con pufs no aptos para piernas con vestidos.
Sin embargo…
A pesar de los malabarismos pertinentes, de que Leara opinara que ese tenía toda la pinta de ser un bar porno (xDDD) y de que un par de templarios se ganase una oscura promesa que cumplí, ese parón sin tiempo es digno de repetirse (incluido un vídeo que también tendrá que autodestruirse en breves momentos: lo que se dice en la noche, se queda en la noche…).

Y así, fluimos después con la brisa nocturna y lanzamos besos y palabras bonitas al viento: tocaba decir hasta luego.

Como siempre, un gran placer, tod@s (◡‿◡.).

21 comentarios :

  1. Bueeeno, bueno, la espera ha merecido la pena. ¡Pedazo de crónica, suertuda!

    Larga vida a esos traseros quevedescos ^^.

    Besos.

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  2. Menuda suerte poder contar esta crónica.

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  3. Ha sido una crónica estupenda, desvelando la intensidad de los eventos literarios más interesantes del momento.

    Se ve que lo habéis disfrutado y eso es lo que más importa.

    Gracias por hacernos partícipes con una historia narrada en primera persona (fotos incluídas ^^)

    Saludos!

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  4. Vaya suerte haber podido estar, ¡qué envidiaaaa! (De la sana, ¿eh?) Jajajaja.

    ¡Besos!

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  5. ¡Cómo os lo pasasteis! Sois geniales =D

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  6. una cronica buenisima!!!
    que envidia que me dais

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  7. ¡OMMMGG! Veo ésta crónica y lanzo suspiros al viento...¡Qué increíble! Ambientazo, compañía inmejorable,escritores por doquier y ¡Fondue! xD ¿Hay algo mejor? Me alegra que lo pasarais de lujo ^O^

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  8. ¡Que envidia! Pero me alegro de que os fuera taan bien. :D

    Por cierto, ¿a tí no te miraron mal al pedir un zumo de naranja en el Starbucks? Porque yo una vez pedí uno (porque el café no me va y los zumos son el amor de mi vida ♥) y la dependienta me dijo, asombrada: "Qué crimen, pedir un zumo en un Starbacks..." Jo, por un momento temí que me echaran a patadas de allí... ;////;

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  9. Muy buena crónica!

    Me alegra que te lo pasaras bien *___*

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  10. genial la crónoca!! ya veo que os lo pasasteis genial, con todos estos escritores, el chocolate!!
    es normal que no te salieran las palabras, yo estoy segura que no hubira dicho nada coherente xDD!

    besines chispeantes!

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  11. Sólo por curiosidad, ¿eres vegetariana?

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  12. Me alegra que se hayan divertido mucho!

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  13. Menuda suerte, me hubiera encantado ir.
    ¡quiero una fuente de chocolatre como esa!

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  14. Me ha encantado... Ains, qué recuerdos y qué bien lo pasamos. El año que viene, más!!

    Un besooo

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  15. Ha pasado tanto tiempo que se me había olvidado que nos debías una cronica XD

    Solo decir que fantastica como simpre ;)

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  16. joé, os lo pasasteis bien ¿no? xDD

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  17. geniial la crónica y que buena divertida que se dieron.
    oxxo's!!

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  18. ¡Qué crónica más completa! Es genial que nos hayas contado como fue la noche y como la disfrutasteis. :) ¡Besos!

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  19. ¡Gracias por compartir la experiencia!! ha sido un poquito como haber estado allí, debió ser una velada sin duda para recordar ^^.

    Ai omá la fondue :D~~~~~ creo que yo me hubiera quedado pegada a esa mesa XD.

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  20. Qué bien lo pasáis... y esas uñas!!

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