5 nov. 2007

Las Vaciones de Mr. Bean

Seáis fans o no de Mr. Bean, esta película os dejará con muy buen sabor de boca.

De acuerdo, “para gustos se pintan colores”, pero quien no disfrute de estas locas vacaciones no tiene ni un atisbo de, de… De todo, porque estamos ante una película totalmente transparente: agradable, divertida, sin giros oscuros, ni maldad, ni… Es muy, muy agradable y desternillante.

Mr. Bean, personaje que encarna el cómico inglés Rowan Atkinson, es toda una leyenda. La mala suerte es su compañera, y, sin embargo, jamás de los jamases se desanima, siempre sonríe. Lo que nos lleva a pensar que es tonto o inocente en extremo, supongo, pero si ese es el caso, lo es de un modo maravilloso.

En este film, al igual que en otros, Bean no se deja avasallar por nada ni por nadie: es natural como la vida misma, algo extravagante y diferente al resto, no actúa para los demás ni como si hubiera miles de ojos siguiendo todos sus movimientos, y sigue y sigue hasta que al final consigue lo que parecía imposible. Y, en el camino tan disparatado que toma, siempre encuentra infinidad de personajes entrañables.

Para quienes todavía no hayáis visto la película, os la recomiendo 100%. Es distinta a lo que suele verse últimamente en los cines (¡con sus buenas excepciones, por supuesto y gracias a los cielos!), no hay acción trepidante, ni tópicos chabacanos de los de siempre; y el diálogo es escaso (porque así lo exige el film), disparatado y fluido. Se trata, simplemente, de la huella que Bean deja en Francia.

Hay quienes se desesperan con sus aventuras cuando todo parece marchar al revés, y si bien en la película ocurre más de lo mismo, el modo en el que se desarrollan los hechos es perfecto.

¿Queréis que os cuente el argumento en unas líneas para abrir boca? Ahí va:
En la primera escena aparece Mr. Bean al volante de su conocido mini amarillo. Entra en la parroquia del barrio, en la que se celebra una rifa. Y, ohh, maravilla, al bueno de Bean le toca un fantástico viaje a la playa francesa de Cannes, conocida por su Festival de Cine (casualmente, se celebrará durante la estancia de Bean en la ciudad). Así que, Bean y la cámara de video digital que también le han regalado, llegan a Francia para revolucionarlo TODO.


Primero: tiene que ir a la Gare de Lyon, pero se confunde y acaba en la otra punta de París.

Segundo
: una vez que llega a la estación indicada y tras más tropiezos cómicos y desesperantes, logra, sin quererlo, que un hombre se quede fuera del tren. El asunto no habría sido demasiado grave, de no ser porque el hijo de ese señor se ha quedado solo en el tren en el que sí ha montado Bean.
Tercero
: el niño ruso, Stefan, y Mr. Bean, se convierten en compañeros de viaje. La misión de Bean es llegar a la playa de Cannes (“la mer”) y, por supuesto, aunque sospecho que en segundo lugar, devolver a Stefan con su padre. Y si habíais esperado toparos con un niñito normal y aburrido, rebobinad, porque estamos ante un diablillo muy adorable y gamberro que se va a convertir en otro de los protagonistas de la historia.

Cuarto: muertos de hambre y de sed, cansados y sin dinero, ni pasaporte, ni nada en absoluto, estos dos personajes tan dispares montan un espectáculo en medio de un mercado. ¡Todo perfecto por 1ª vez! Ja, ilusos… No voy a desvelaros cómo sucede esta parte, pero sí su resultado: Bean (al que cuando se le juntan varios pensamientos a la vez, su cabeza explota y borra los menos inmediatos) “abandona” al niño, quien se queda alucinado mientras le ve marchar montado en una bicicleta robada y en pos de un camión lleno de gallinas… La locura está servida.

Quinto
: ya sabéis que el destino de ambos es Cannes, así que volverán a encontrarse. Mientras tanto, por el camino Stefan se unirá a una banda de músicos “muy enrollados”; y Bean se perderá, un tanque de guerra destrozará su bici, acabará en un pueblo perdido que parece anclado en el tiempo… Y conocerá a la bella actriz Sabine. “Bean-Sabine-Bean-Sabine”, canturrea el loco inglés.

Sexto
: el destino vuelve a unir a los viejos amigos y ahora tenemos a todos juntos, Bean, Stefan y Sabine, cada uno de nacionalidad distinta y sin posibilidad de entenderse. Y lo que podría ser un caos, es justo lo contrario. La música, la elección del paisaje, la fotografía, el vestuario… Todo en esta película, a mi parecer, es perfecto.

Séptimo
: al final, de algún modo increíble, los tres consiguen llegar sanos y salvos a Cannes, donde tendrá lugar el acto y locura final.


Por todo esto que os he contado y mucho más que me dejo en el tintero, deberíais ir a ver Las Vacaciones de Mr. Bean, aunque sea por mera curiosidad; y, si no os gusta, sois libres de criticarme en los comentarios a este post. Pero hacedme caso, no tiene desperdicio.

Además, ¿cómo no va a estar la risa asegurada si en un cartel de la película en el que aparece Mr. Bean junto a una gallina, dice así: "Uno de estos 2 tiene el cerebro del tamaño de un cacahuete"?

Aquí os dejo un tráiler de la peli en YouTube.




1 comentario :

  1. Hola Albus!!!!!
    La verdad es que a pesar de que Mr. Bean es un auténtico desastre y las cosas que hace nos desesperan a todos. Pues a pesar de todo eso, creo que nos está dando un buenísimo ejemplo de que no hay que rendirse nunca. Las cosas se consiguen cuando se pone mucho en empeño en ellas y esta película es la prueba de ello.
    Os aconsejo a todos vivamente que la veáis, porque a parte de pasar un buen rato también aprenderéis muchas cosas de la vida. Bushi

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